Muy pocas veces somos conscientes del error que estamos cometiendo. Generalmente, ocurre en un segundo en el que por inercia, o quizá incertidumbre e intriga, nos equivocamos de camino y ahí es cuando todo se empieza a desmoronar y las cosas pierden su orden y equilibrio por una simple equivocación.
La conciencia muy pocas veces está justo en el momento indicado para decirte "no, esto está mal. No lo hagas". Casi siempre la escuchamos tarde, con efecto tardío y quizá si la escuchamos a tiempo, la ignoramos y seguimos adelante sin importarnos lo que va a pasar.
Siempre vemos venir los problemas. No llegan solos. Sabés que lo que está por pasar o lo que estás por hacer va a cambiar un montón de cosas, y así y todo, lo hacés igual.
Ya lo hiciste. Ya fallaste. Ya le pifiaste.  Un error lleva a otro error. Es tan fácil equivocar el camino y tan difícil volver de eso. Suele pasar por impulsos, momentos de enojo que te dejas llevar, pero por ese pequeño momento de inconsciencia, no hay vuelta atrás y podes dañar a más de una persona, inclusive vos mismo. Hasta teniendo buenas intenciones podemos tener errores que rompen todos los esquemas. Equivocarse es hacer algo pensando en nosotros y no en los demás, aunque muchas veces ese mismo error también nos afecte. No se puede volver atrás y evitar cometer ese error. Lo hecho, hecho está. Los errores del presente son las tragedias del futuro. Pensemos dos ves o mas antes de actuar,no nos cuesta nada.

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